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 El ego se toma la estrategia en un café
diciembre 27, 2022

El ego se toma la estrategia en un café

“La cultura se come a la estrategia en el desayuno” es una afirmación con claro asidero en la realidad, atribuida a Peter Drucker. No menos válido, sería afirmar que “El EGO se come a la estrategia en el desayuno”, aunque elijo decir que “se la toma en un café”, ¡porque un café es aún más rápido que todo un desayuno!.

¿Te cuento por qué?

“El éxito es un pésimo maestro. Nos hace creer que no podemos fallar.» nos enseña Bill Gates. La “trampa del éxito” la llaman: “creérsela”.

“Memento mori” (“Recuerda que vas a morir”), era la frase que un ‘súbdito’ le decía de cerca a los generales romanos cuando entraban victoriosos a Roma en esos grandes desfiles. El objetivo era evitar que se vean inmortales, dioses, y pretendan actuar como tales y apropiarse del poder.

“No te duermas en los laureles” sería otra alternativa, siguiendo el viejo dicho popular, para decir “ok, lograste el objetivo, y te dieron la medalla y los laureles, pero no te quedes ahí durmiendo, sigue avanzando, porque los demás lo hacen, y te van a dejar atrás”.

Los gerentes también son humanos…

… y pueden “creérsela”, pretender ser omnipotentes, o “dormirse en los laureles”. Para mitigar ese riesgo, adoptar algunos comportamientos como los siguientes cuatro, podría ayudar:

  1. Mantener al ego en su tamaño justo. El ego no es mi área de conocimiento, aunque alguna vez leí, y guardo, para no olvidar: “el ego es el yo lleno de orgullo.”
  • Apostar a que el conocimiento, opiniones e ideas de todos, generarán resultados mejores que sólo el conocimiento, opinión e ideas propias… Para ello, abrir el juego a los equipos: invitarlos a participar; compartirles la visión; escucharlos activamente; promover el pensamiento y el diálogo, para construir colectivamente.
  • Descartar las “dobles agendas”; hacer lo anterior genuinamente, y no buscando ‘imponer’ la propia idea en un ambiente supuestamente participativo, y/o “simulando” que se escucha.
  • Ceder el control, sentirse confortable con ello, y animarse a decisiones colectivas.

Ya lo percibiste: los cuatro, rondan alrededor del concepto de “humildad”.

Napoleón: de lo sublime al ridículo

Napoleón, uno de los grandes personajes de la historia universal, nos brinda un caso de estudio muy interesante: ampliamente reconocido como estratega brillante, aunque también con enormes ansias de poder… y que quedó prisionero de su ego, sus pasiones y emociones, perdiendo el pensamiento crítico y su autocontrol-disciplina.

“Europa es muy pequeña para mí… preciso ir para el Este”. Napoleón (antes de invadir Egipto y Siria)

Repasémoslo, en 4 pasos:

I- El estratega brillante:

  • Adquirió experiencia militar desde joven (fue muy estudioso), y rápidamente (el contexto político de la época -Revolución Francesa- le dio la oportunidad).
  • Hacía cálculos como nadie más (distancias, velocidades, vehículos e insumos necesarios, cantidad de soldados, municiones necesarias según el tipo de batalla…), y eso, porque conectó la guerra con una de sus atracciones de niño: la matemática. Por ejemplo, logró que los soldados marchen más rápido, y que las comunicaciones en la guerra, también fluyan más rápidamente.
  • Tenía un don para leer e interpretar mapas, algo que pocos sabían hacer por entonces.
  • Decisión, oratoria y motivar a las tropas, son habilidades con las que lo describen los historiadores.

II- El del ego poderoso:

  • “Se hizo a sí mismo” afirmó el escritor Ralph W. Emerson (1803-1882): Napoleón tenía claro que habiendo nacido y siendo criado en una aldea de una isla, sin siquiera saber hablar francés, llegó a ser el hombre más poderoso de Europa con sólo 34 años de edad, y 80.000.000 de súbditos.
  • En su acto de coronación como “Emperador” (1804), se coronó a sí mismo, arrebatando los atributos de las manos del Papa que había viajado a París para ello, y dijo: “No sucedí a Luis XVI, sino a Carlo Magno … recordando que Luis XVI era el rey destituido por la ‘Revolución Francesa’ unos años antes y, Carlo Magno, había sido un gran emperador francés, que también dominó parte de Europa, ¡pero 1.000 años antes que Napoleón!
  • En su acto de coronación como Rey de Italia (1805), dijo en relación a esa corona: Dios me la dio a mí, ¡ay de quien la toque!”.

III- El del ‘momento sublime’, con decisiones arrebatadas…

Napoleón, en el momento “sublime” de su poder (y podría decirse de su ego), tomó dos grandes decisiones basado en su orgullo herido: la invasión de España primero, y la de Rusia, después.

  • España y Rusia no acataron un sistema de comercio por él creado, que prohibía comerciar con Inglaterra (por diversos motivos no quería ir a la guerra con este país, y decidió combatirla indirectamente a través de las pérdidas comerciales).
  • Por otro lado, el Czar Alejandro I de Rusia, le había negado a su hermana en casamiento (Napoleón ambicionaba construir una alianza poderosa entre Francia -apoderada de casi toda la Europa occidental- y Rusia).

Las decisiones impulsivas, primaron por sobre su mente estratega y pensamiento crítico: en ambos países, en extremos de Europa, no había la infraestructura ni el clima con el que su ejército estaba acostumbrado a batallar.

“España fue para Napoleón lo que Vietnam fue para EEUU”, afirma el historiador Trajano Leme Filho. Fue una guerra de 6 años, sin una victoria.

A Rusia llegó con 650.000 hombres, un ejército que se extendía por más de 100 km. Y volvió de ella derrotado, con menos de 100.000.

IV- El del “ridículo”

Derrota tras derrota, países dominados por Francia y la propia Rusia, se aliaron y atacaron a Francia en su propio territorio. Napoleón decía que siempre era mejor la posición de ataque, y por vez primera tuvo que batallar en posición de defensa.

El imperio comenzó a disolverse…  Intríngulis políticos, renuncias en su ejército, lo hicieron abdicar del trono en 1814. La ficha le cayó, y reflexionó: “De lo sublime al ridículo, hay solo un paso”.

“No dejes que tu ego se acerque demasiado a tu posición.” – Anónimo

¿Qué mecanismos de autocontrol tienes para no caer prisionero de tu ego y emociones? ¿Tienes el autoconocimiento suficiente para ese sólido autocontrol?

¿Cuántas veces adoptas una “escucha activa” a tu equipo vs una “escucha pasiva” (poner la cara y escuchar, pero con la sola intención de luego transmitir tu opinión y decidir por ella)?

¿Hay doble agenda en tus pensamientos e intenciones?

¿Cuál es tu nivel flexibilidad en relación a ceder el control, más allá de tu ‘puesto’ en el organigrama?

Mi sugerencia, siempre: ¡no relajarse y tomarse la estrategia con un café! Abre el juego genuínamente, piensa críticamente, y promueve el diálogo constructivo.

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